Sábado 5 de marzo de 2022
Cómplices de Putin
Dr. Armando Rojano Uscanga
El mundo occidental ha sido poco exigente con los nuevos ricos rusos, que hacen negocios fabulosos, pero después del ataque a Ucrania, comienzan a ser marginados como cómplices de Putin. Lo más ostentoso de su riqueza son sus megayates, como el «Dilbar», construido en Bremen en 2016 y propiedad de Alischer Usmanov, que tiene piscinas con jacuzzi, cine, comedores elegantes, grandes pistas de baile y helipuerto. Su precio es de 1,500 millones de dólares.
En solo dos décadas los nuevos ricos rusos han formado su fortuna e invierten en inmuebles de lujo en Europa Occidental y compran en las boutiques más caras de París, Milán o Roma. Despliegan su riqueza en Occidente, lejos su tierra natal y el origen de su riqueza, como Norilsk o en el Distrito Autónomo de Chukchi, al noreste de Rusia, donde los metales preciosos, el petróleo y el gas son extraídos en su nombre en las condiciones más adversas por rusos comunes.
Los hijos de los nuevos ricos rusos acuden a las costosas escuelas de élite de Occidente, pero desprecian el ideal occidental de una sociedad libre y democrática, pues sus padres se han enriquecido bajo el régimen cleptocrático de Putin, ya que lealtad absoluta se premia con licencias de producción, grandes contratos estatales y subvenciones. En la privatización de las grandes empresas industriales y en el reparto de los puestos más importantes de las empresas estatales de materias primas, no quedó fuera nadie de la guardia oligarca de Putin. Sin embargo no será fácil sancionarlos, pues trabajan con aliados en Occidente, a través de empresas discretas.
