Lunes 8 de marzo de 2021
Presidentes de EEUU no suelen apoyar al sindicalismo
Dr. Armando Rojano Uscanga
Las siguientes palabras de Joe Biden, presidente de los Estados Unidos deben transcribirse tal y como las pronunció: «Permítanme ser muy claro: no me corresponde a mí decidir si alguien debe afiliarse a un sindicato. Pero déjenme ser aún más claro: no depende de las empresas decidir eso tampoco. La decisión de afiliarse a un sindicato depende de los trabajadores. Y punto». Se refería a Amazon, el gigante del comercio minorista y una de las pocas grandes empresas de su país que aún no tiene un solo sindicato que represente a sus empleados.
La declaración sacudió al mundo laboral en EEUU, que hacía décadas que no escuchaba a un mandatario lanzar un mensaje de apoyo a las organizaciones sindicales. La batalla tiene lugar en una planta de Amazon en una pequeña ciudad de Alabama con menos de un año de antigüedad. Sus empleados han decidido organizarse para pedir mejores condiciones laborales y un entorno más seguro ante el covid-19, que está provocando focos de contagio las grandes plantas industriales de EEUU. Es un municipio de apenas 26.000 habitantes de un estado pobre, pero serían los pioneros, por lo que han desatado reacciones de todo tipo en todo el país.
Amazon contraataca organizando reuniones obligatorias entre los empleados, en que les informa los ‘riesgos’ de sindicalizarse, y se les presiona en la televisión local con anuncios en contra de los sindicatos. Al cierre de 2020, solo un 10,8% de empleados en EEUU pertenecen a un sindicato, por lo que el mensaje de Biden resultó un tanto polémico, pues además dijo: «No debe haber intimidación, coacción, amenazas o propaganda antisindical. Ningún supervisor debería confrontar a los empleados sobre sus preferencias sindicales. Cada trabajador debe tener la posibilidad de afiliarse libremente a un sindicato. La ley garantiza esa elección».
Con esto termina la fría relación de los presidentes con los sindicatos en los últimos 50 años. Hasta la década de los 60, los sindicatos representaban a entre el 25 y el 35% de los trabajadores del país, y su fuerza afectaba a un gran porcentaje de trabajadores no sindicados, que recibían las mismas condiciones que los que sí lo estaban para evitar fugas de trabajadores. Pero en sus mandatos Richard Nixon y Ronald Reagan (Republicanos), se posicionaron a favor de la libertad de las empresas de negociar condiciones individualmente con cada trabajador, en vez de en grupo, que provocaron una larga caída del número de empleados afiliados, hasta el 10,8% en 2020, según el Departamento de Trabajo. Y Trump no le fue a la zaga. Los presidentes demócratas han soslayado el asunto. Ni Bill Clinton ni Barack Obama, apoyaron a los sindicatos y dejaron que los gobernadores republicanos apoyaran leyes para hacer más difícil sindicarse en sus respectivos estados, con el apoyo de los tribunales.
