Lunes 4 de mayo de 2026
Para promover la inversión interna, como la “Cuenta sueca”
Dr. Armando Rojano Uscanga
La «cuenta sueca» o ISK (Investeringssparkonto) es una inversión simplificada para fomentar el ahorro minorista, que permite comprar y vender acciones o fondos sin tributar por plusvalías, pagando un impuesto anual mínimo sobre el valor total. No tiene límites de inversión ni periodos mínimos. Al fisco no se declaran las ganancias o pérdidas, solo se tributa un pequeño porcentaje anual sobre el saldo total, con exenciones, como las primeras inversiones (unos 13.600 euros). En Suecia, que tiene una población de poco más de 10 millones de habitantes, hay 3,5 millones de este tipo de inversionistas.
Ese modelo se pretende replicar en Europa para convertir el ahorro de las familias en inversión,
para que esos fondos trabajan y rindan beneficios justos. Se trata de una “cesta” desde donde poder comprar y vender acciones, bonos y fondos. La ventaja de este sistema se basa en que en lugar de calcular las ganancias de cada una de las ventas que el inversor realiza, se unifica en un único pago anual basado en el valor medio de su cuenta.
Con el sello ‘Finance Europe’, la Unión Europea transformó la Unión de los Mercados de Capitales en la nueva Unión de Ahorros e Inversiones para tratar de movilizar de manera más eficiente el ahorro privado, concentrado, principalmente, en depósitos bancarios, y canalizarlo hacia inversiones que potencien el crecimiento económico y lo financien. Los inversores, mediante un Plan Personal de Inversión, podrán comprar acciones y bonos de empresas de países del Espacio Económico Europeo (EEE), ETF de índices de renta variable europea y fondos europeos de inversión a largo plazo (ELTIF, por sus siglas en inglés) destinados a la financiación empresarial.
