Lunes 20 de octubre de 2025
Pero rescata la dignidad del país
Dr. Armando Rojano Uscanga
Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, el 11 de julio pasado, impuso un arancel del 35% a los productos canadienses, a pesar de la existencia de un tratado de libre y amenazó con convertir al país en el estado número 51. La reacción de los empresarios y ciudadanos, como primera medida, fue boicotear los viajes y productos estadounidenses y apoyar el movimiento Buy Canadian (Compra canadiense).
Ahora ambos países sufren las consecuencias, pues comparten una enorme frontera. Hay muchos ejemplos, pero dos bastan para calcular la dimensión del daño. Las autoridades canadienses prohibieron las bebidas alcohólicas estadounidenses en sus tiendas, y el veto aún está vigente en muchas provincias, pero el mercado de bebidas nacionales se desplomó. Otro sector impactado fueron las empresas de viajes, pues los canadienses acordaron no viajar a Estados Unidos, afectando a compañías turísticas que dependen del flujo constante de visitantes canadienses.
Solo en julio el número de canadienses que viajaron en coche a EEUU. se redujo un 37% interanual, mientras que los viajes aéreos descendieron un 26%.
Esto afectó también a ciudades fronterizas de EEUU, como Seattle (Washington) y Portland (Oregon), donde la llegada de turistas desde Canadá se desplomó un 27% y un 18%, respectivamente. Además, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza reveló que en julio apenas 277.000 personas cruzaron de Canadá al estado de Maine, un 28% menos que en el mismo mes del año anterior, y los canadienses representan casi una cuarta parte de los turistas extranjeros en Estados Unidos, que en 2024 dejaron una derrama económica de 20.500 millones de dólares. La caída de visitantes afecta a comunidades fronterizas, donde el comercio local y el sector turístico dependen de ese mercado.
