Domingo 7 de noviembre de 2021
Fundado en 1856, en Zurich, Suiza
Dr. Armando Rojano Uscanga
Técnicamente no hay mejor negocio que los bancos, funcionan con dinero ajeno, ganan más que cualquier empresa, cobran altos intereses y pagan bajos beneficios, sus operaciones están aseguradas, y los gobiernos los protegen, pues se trata de concesiones que otorgan y no conviene que fracasen. Por eso resulta extraño que un banco tenga quebrantos financieros y menos si se trata de un banco suizo fundado en 1856, que sobrevivió grandes conflictos, entre ellos dos guerras mundiales.
Por eso, en Europa, suelen llamar “banco maldito” al que teniendo todo a su favor pierde 1.800 millones de dólares, arrastrado con las caídas de Archegos y de Greensill Capital y un escándalo de sobornos en Mozambique. Su presidente, el portugués Antonio Horta-Osório, desde abril había presentado un plan de salvación, pero todo indica que será insuficiente.
Mientras el sector europeo disfruta de la recuperación económica, el Credit Suisse ha sorprendido al mercado con un nuevo agujero de 1.800 millones de dólares, en el último trimestre del año, que se remonta a más de 20 años, cuando adquirió la firma estadounidense Donaldson, Lufkin & Jenrette por más de 11.000 millones de dólares para convertirse en una referencia mundial en banca privada y gestión de altos patrimonios.
Se especula con una fusión con UBS, para rescatar al banco, como se planteaba con Commerzbank y Deutsche Bank. El plan presentado por Horta-Osório refuerza la gestión de riesgos y la rendición de cuentas para evitar nuevos episodios en los que se termine financiando entidades que realizan inversiones dudosas o vinculadas a casos de corrupción. El banco ha anunciado que simplificará su estructura, que consistirá en una división dedicada a sus actividades en Suiza, una banca de inversiones, la gestión de activos y una nueva área global de gestión de fortunas.
