El PCE a niveles de 1992
Dr. Armando Rojano Uscanga
Primero fue el Índice de Precios al Consumidor (IPC) el que dio la señal de alarma tras tocar máximos de 2008, avisando que la inflación llegaba. El viernes pasado fue el PCE (Personal Consumption Expenditure Price Index), el indicador o índice de precios favorito de la Reserva Federal (Fed), el encargado de aumentar los temores sobre la inflación.
El PCE general se ha situado en el 3,6%, tocando máximos desde 2008. No obstante, la Fed presta especial atención al PCE subyacente, que es el mismo indicador que el PCE pero no pondera los alimentos frescos ni la energía, que son los componentes más volátiles del índice de precios. A este índice le presta más atención para conducir su política monetaria (subir o bajar tipo, comprar o vender bonos… y el PCE subyacente se ha situado en abril en el 3,1%, la mayor tasa de variación desde mayo de 1992.
La exitosa vacunación en EEUU, sus estímulos fiscales (con ayudas directas a las familias) y monetarios sin precedentes, están relanzando a la mayor economía del mundo a través de la demanda y el consumo interno. Pero esto genera tensiones inflacionarias temporalmente altas. La inflación está en todas partes de la economía y la evidencia es el PCE subyacente. La energía no es el único culpable del alza de precios. Según muestran los datos desagregados del PCE, los servicios, los bienes duraderos y los no duraderos han incrementado sus precios en más de un 3% anual. Una variación que no se puede despreciar, aunque es cierto que tampoco se puede comparar con el incremento del 24,8% que ha sufrido la energía.
El banco central puede argumentar que esta mayor inflación está compensando un 2020 en el que el PCE estuvo de forma constante por debajo del 2%, pero si los meses pasan y los precios siguen creciendo a un ritmo superior al 2%, el mercado podría empezar a cuestionar la seriedad de la Fed con su propio compromiso, lo que podría tener consecuencias nefastas para el dólar y la economía de EEUU.
