Martes 10 de marzo de 2026
Warsh tendría que demostrar independencia del ejecutivo
Dr. Armando Rojano Uscanga
Se da por hecho el nombramiento de Kevin Warsh como sucesor de Jerome Powell en la presidencia de la Reserva Federal de los Estados Unidos (la Fed como la conocen), que ocurriría el próximo 15 de mayo, y que el nuevo presidente pugnaría por una bajada de los tipos de interés, como lo desea Donald Trump, el presidente de los Estados Unidos, para impulsar a la economía, con créditos más accesibles.
Pero Warsh gestionará una institución público-privada que padece una profunda fractura interna y carece de credibilidad externa, cuyos miembros, la junta de gobernadores, deben responder al doble mandato de la Fed, estabilidad de precios y máximo empleo, cuyos datos no recomiendan bajar intereses. Warsh ha sido miembro de la junta de gobernadores y sabe que no puede actuar por motivos políticos.
Y si lo hiciera, la estructura del comité se lo impediría, pues su voto es uno más entre sus pares, sin derecho formal a veto, por lo que difícilmente habría una bajada de tipos sin discusión y acuerdos, ya que significa el costo del dinero en el mundo, el tipo de referencia que siguen los mercados. Para devolver la credibilidad a la Fed, Warsh tendrá que emprender una revisión de los mecanismos operativos y demostrar que no actúa por intereses políticos.
